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Preparar una oposición exige concienciarse de que poco tiene que ver con lo que hasta ahora ha estudiado un doctor, un licenciado o un diplomado universitario. En la preparación de un doctorado el aspirante a este grado es quien marca, junto con su director de tesis, el ritmo que llevará, así como los plazos de la defensa de la tesis, etc.

Además, el doctorando es quien, normalmente, ha elegido el tema, que ocupa su investigación durante varios años. Esto significa que es muy difícil que no domine perfectamente el tema de la tesis a defender. Además, su director se encarga de que se llegue a dicha defensa sólo cuando el doctorando ya está suficientemente preparado.

En cuanto a los estudios de licenciatura y diplomatura, la barrera o listón a superar se sitúa en el aprobado, entendiendo por tal conseguir «sacar» un 5. Pero en una oposición no basta con ese tipo de aprobado, ya que sólo conseguirán aprobar la oposición, sacando su plaza, aquellos aspirantes que tengan un mayor nivel. Y téngase en cuenta que la inmensa mayoría de los tribunales lo que más valoran es, precisamente, el nivel intelectual del opositor, junto con sus capacidades didácticas.

Antes de emprender el serio esfuerzo que conlleva estudiar con vistas a salir airoso de una oposición, el aspirante deberá estar convenientemente informado del temario de su especialidad, Es necesario, además, comprender en qué consiste exactamente una oposición.

Todos los que se presentan a una oposición del Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria no son personas que deban aprender a estudiar, pues ya han superado sus respectivas carreras. Pese a esto, es conveniente recordar algunas claves que posibiliten una preparación rigurosa que garantice, en la medida de lo posible, el éxito en su proyecto.

Por otro lado, el esfuerzo que conlleva preparar adecuadamente una oposición de este nivel hace muy aconsejable, si es posible, que se dedique el opositor en exclusividad a ello. De no ser así, deberán buscarse necesariamente huecos horarios a costa de las horas libres, no perder tiempo inútilmente, aprovechar bien los fines de semana, las noches, etc.

¿Cómo prepararte?
¿Cómo prepararte?
Algunos consejos sobre hábitos y técnicas de estudio
La prueba oral

La parte de la exposición ante el tribunal es la más importante y decisiva, pues siempre es la última, quedando ya muy pocos opositores y estando la adjudicación de la plaza ya muy cercana.

Pese a que el opositor habrá sido llamado por su nombre, es conveniente, sin embargo, que se dé los buenos días o buenas tardes al tribunal, que se presente (nombre y apellidos) y que diga el tema que ha elegido al azar entre las opciones del examen.

A continuación es muy conveniente que el opositor explicite brevemente las partes en las que va a desarrollar su exposición, glosándolas escuetamente. Esto sirve, además de para dar la impresión de sistematicidad, también para aplacar los nervios, que suelen dominar particularmente en los primeros momentos de la exposición oral.

Es necesario hablar con firmeza, procurando vencer los nervios y la timidez. La voz debe ser clara y fuerte (aunque sin gritar), evitar muletillas lingüísticas, mirar frecuentemente a todos y cada uno de los miembros del tribunal, pronunciar y vocalizar adecuadamente. Hay que evitar las precipitaciones o hablar muy deprisa, pero también excesivamente despacio (no podrá decir todo lo que sabe; aburrirá al tribunal).

Es absolutamente imprescindible que en la mesita donde se sienta el opositor tenga delante de sí, y no en la muñeca, su reloj, a ser posible con cronómetro y, todavía mejor, con un cronómetro en orden inverso, para saber en todo momento el tiempo que resta para acabar la exposición, sin tener que andar haciendo cálculos de tiempo sobre la marcha, pues perderá el tiempo y se pondrá todavía más nervioso.

Es absolutamente normal estar nervioso ante un tribunal que se dispone a examinar y enjuiciar la exposición. Lo importante es, pues, no empeñarse en no estar nervioso, pues eso no siempre es posible, e incluso puede redundar en ponerse todavía más nervioso. Una parte de la preparación de la oposición consistirá en controlar los propios nervios.

Normalmente los exámenes de oposiciones en Secundaria se realizan en verano, en concreto en los meses de junio y julio. Hay que tener en cuenta que, por norma general, las aulas donde se desarrollan las exposiciones orales son aulas de clases de alumnos de instituto y que no están dotadas de aire acondicionado. Esto significa que hará mucho calor. Es necesario tener esto muy presente a la hora de elegir la ropa: debe ser muy ligera, pero digna. El color debe ser claro, pues controla la sudoración mejor que los colores oscuros. Pero, si pese a eso, se prevé que se va a sudar (hay que hacer pruebas anteriores en condiciones similares), entonces es conveniente usar una ropa de color oscuro: aunque se sude, al menos no se verá, lo que siempre es desagradable.

En cuanto al tiempo, el opositor dispone de una hora y media para su exposición. En ese tiempo deberá realizar su exposición y también concretar su propuesta didáctica (unidad didáctica o unidad de trabajo). Lo usual es que dedique unos 30 minutos a la defensa de la programación, y una hora para la exposición y el debate con el tribunal. Puede variar un poco más o un poco menos, pero alrededor de esa temporalización deberá girar el tiempo de la exposición. Hay que ajustarse estrictamente al tiempo del que se dispone, aunque siempre es mejor pasarse en unos pocos minutos (con tal de no dejar nada importante por decir, pues el tribunal puede indicar al opositor que su tiempo ha finalizado) que quedarse corto, pues esto denota que ya no se tiene nada más que decir.

A los miembros del tribunal nunca se les tuteará, aunque se conozca a algunos de sus miembros. La excesiva familiaridad que eso conlleva no redunda en nada bueno para el opositor, sino todo lo contrario.

Si el opositor necesita o cree conveniente utilizar la pizarra, deberá comprobar previamente que los miembros del tribunal no están sentados de espaldas o junto a la misma. Si quiere utilizar la pizarra, el opositor nunca dará la espalda al tribunal, sino que se situará exactamente de perfil respecto a la pizarra, moviéndose hacia adelante o hacia atrás, al mismo tiempo que, con giros de cabeza, mira tanto al tribunal como a la pizarra. El no dar la espalda no es únicamente por un motivo de buena educación, sino también para que no se «distraiga» el tribunal, ya que es necesario llamar su atención en todo momento.

Aunque normalmente las preguntas que hagan los miembros del tribunal después de la exposición del aspirante estarán directamente relacionadas con lo que éste acaba de exponer, a veces, no suele ser así. La capacidad de improvisar, así como el bagaje cultural del opositor le podrán sacar del apuro. En todo caso, es necesario dejar hablar al tribunal, y no interrumpirle mientras realiza la pregunta o hace un comentario. A veces, escuchando atentamente, encontraremos las claves para una respuesta adecuada. No obstante, lo mejor, sin duda, es dominar bien el tema y que éste sea exhaustivo en todo lo que el título del mismo pretende reflejar.

Pensamos que los materiales que ofrece Editorial MAD cumplen de sobra con este criterio, pues han sido redactados por reconocidos especialistas en sus respectivas materias, poseen un currículo intelectual verdaderamente envidiable y tienen una amplísima experiencia en la preparación de opositores, por lo que saben plantear adecuadamente lo que se solicita del opositor en cada tema y el mejor modo de abordarlo. Se trata, en definitiva, de temarios ampliamente probados ante los tribunales, con extraordinarios resultados.

Finalmente, hay que tener en cuenta que es muy conveniente evitar una exposición «lineal» y monótona, y también que hay que terminar con algo que impacte o guste especialmente al tribunal, aunque deben evitarse todas las extravagancias.

Como se observará, en los temarios que Editorial MAD ofrece se encuentra recogido ampliamente todo lo que el opositor debe decir, e incluso se proporciona bastante material «de sobra»; por ello es conveniente que el opositor seleccione lo que de hecho va a poder explicar. También encontrará el opositor abundante y selecta información que usualmente no está contenida en muchos temarios de estas oposiciones, que, como muchos saben, no suelen tener una gran calidad.

Precisamente es esta apuesta por el rigor, la claridad y la alta calidad lo que caracteriza a todas las publicaciones de la oposición al Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria que Editorial MAD ofrece.

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Cómo y dónde estudiar

Como hemos dicho, cada cual tiene sus propias costumbres. Si nos ha ido bien en nuestros estudios universitarios no es conveniente cambiar sustancialmente de hábitos. Sin embargo, ofrecemos algunos consejos:

La temperatura ambiente del lugar donde estudiemos debería estar a unos 22-25 grados, dependiendo de lo calurosos o frioleros que seamos.

A la hora de sentarnos a estudiar hemos de estar cómodos, pero no en exceso. La espalda estará recta, evitando forzar la posición de la columna vertebral.

La luz más adecuada para estudiar es la natural, con tal de que no nos dé de lleno, sino de forma indirecta.

En cuanto a la luz artificial, es más conveniente una bombilla de 60w que una de 100w. Es muy aconsejable que sea una bombilla azulada, pues refleja una luz mucho más blanca, con lo que la vista se fatiga menos.

Mejor que un flexo con luz es una lámpara, que esté situada a la altura del hombro y dispuesta en el lado contrario de la mano con la que escribimos.

Ante nosotros hemos de tener todos los materiales que necesitemos (los temarios, resúmenes, bolígrafos, folios, etc.).

La mesa de estudio debe contener todo este material, pero estará despejada de otras cosas. La organización y la limpieza son muy importantes cuando nos espera una larga sesión de estudio.

Si hace falta, tendremos delante un diccionario.

Hay que evitar levantarse frecuentemente. Los familiares o amigos deben saber que no deseas que se te interrumpa.

La ropa debe ser ligera y no debe apretar. Lo mismo vale decir de los zapatos.

Antes de leer detenidamente un tema, lo leeremos de forma más rápida, sin subrayar ni tomar notas, sólo para percatarnos de su desarrollo, sobre el planteamiento de las cuestiones, el nivel de dificultad, para comprobar si hay material que nos resulte ya conocido o es todo novedoso, etc.

Después tendremos que sintetizar el tema para que se acomode a nuestro propio planteamiento, haciendo hincapié en lo que estimamos más relevante, aquello de lo que tenemos más conocimientos.

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Algunos consejos sobre hábitos y técnicas de estudio

Es evidente que cada cual tiene su propia forma de estudiar, sus técnicas de estudio y sus hábitos de trabajo intelectual. Pese a esto, abordar el estudio de una oposición implica disponer de unas adecuadas técnicas de estudio así como sólidos hábitos de trabajo.

ES NECESARIO, por tanto, habituarse a lo siguiente:

No estudiar más de dos horas consecutivas. Al menos en ese tiempo tenemos que hacer una pausa, para despejarnos, realizando ejercicios de estiramiento (espalda, lumbares, brazos, ojos, etc.).

Subrayar los temas (a ser posible con tinta fluorescente de color claro) de tal forma que lo subrayado tenga una coherencia interna y pueda ser vertido por el opositor en los resúmenes, a tenor del tiempo del que dispone para cada prueba.

Hay que evitar memorizar datos secundarios, yendo a lo esencial: ideas más relevantes, fechas imprescindibles, etc.

El «Indice sistemático» que acompaña a cada uno de nuestros tema es ya un esquema del mismo. Es conveniente memorizarlo.

Realizar mapas conceptuales gráficos, que permitan una visión sinóptica o panorámica de todo el tema, atendiendo a las relaciones entre las diferentes ideas.

Ejercitarse en la escritura de cada tema durante dos horas, ni más ni menos.

Realizar exposiciones orales ante un público, o grabando en casete la propia exposición para cerciorarnos de no cometer errores de dicción, grandes silencios, etc.

Dominar las partes fundamentales de las unidades didácticas o de trabajo.

Acostumbrarse a la resolución de los ejercicios específicos de cada especialidad.

Memorizar lo más importante; lo que no se recuerda, no se sabe.

Grabar los resúmenes de los temas en casete, con una duración que oscile entre 30 y 45 minutos. Esto servirá para memorizar los temas, pues la memoria auditiva retiene más limpiamente los datos y es más duradera a medio y largo plazo.

Realizar una lectura comprensiva de los temas, realizando «aprendizajes significativos» en lugar de «empollar» cosas que no se entienden, pues esto es una tarea inútil.

Estudiar realizando una memorización comprensiva, pues si es verdad que sólo se sabe lo que se recuerda, sólo se sabe bien lo que se es capaz de escribir o exponer oralmente.

Ejercitarse en el repaso de los temas (o de los resúmenes, o los esquemas), «jugando» de vez en cuando a intentar recordar los aspectos fundamentales de un tema que hace tiempo que no estudiamos expresamente.

La memoria se potencia ejercitándola frecuentemente.

Fortalecer la propia voluntad así como el autoconcepto. Poco a poco, cuando vayamos viendo que nuestro estudio empieza a dar sus frutos (lo sabremos cuando realicemos simulacros de exámenes, tanto escritos como orales, con éxito).

Ensayar, sobre todo para la primera lectura de los temas, técnicas de lectura rápida (evitando vocalizar lo que se lee, ayudándonos de un bolígrafo debajo del texto para evitar distracciones y saltos de línea, etc.).

Elaborar previamente a los exámenes (sean simulacros o ya en la oposición) un esquema previo, o un mapa temático, etc., con el fin de saber exactamente cuántos capítulos o epígrafes vamos a desarrollar a tenor del tema elegido y del tiempo del que disponemos.

Tener, a la hora de los exámenes, el material adecuado: bolígrafos que no signifiquen un esfuerzo para escribir (en el mercado los hay muy buenos, como rotuladores finos...), un folio «en sucio» para escribir ideas, conceptos, fechas, etc., que podemos utilizar.

En el ejercicio escrito hay que procurar que la ortografía, e incluso el tipo de la letra, la adecuación de la redacción, la estructuración sean las adecuadas. Debemos evitar que la premura en la redacción de un tema tenga como consecuencia una caligrafía descuidada e ilegible.

Tener en todo momento delante un reloj, para saber el tiempo del que disponemos.
Disponer de una alimentación equilibrada, y también evitar, en la medida de lo posible, hábitos no saludables (tabaco, alcohol...).

Es necesario, o muy conveniente, realizar algún tipo de deporte a un nivel medio, que no requiera grandes esfuerzos, pero que sirva para descargar toxinas, "ahorrar" energías y vitalizar el organismo.

ES DESACONSEJABLE:

Estudiar nuestros temarios conjuntamente con otros. Nuestros temas tienen una unidad interna con afán de globalidad. Si se usan otros temas, sobre todo de baja calidad, que son los que más abundan (normalmente fotocopiados) entre los futuros opositores, se corre el riesgo de mezclar la calidad con la precipitación y la falta de rigor.

Estudiar los temas consecutivos; es necesario ir mezclando los bloques temáticos, pues de lo contrario se habrán olvidado las cosas.

No disponer de hábitos de estudio rigurosos.

Estudiar como un «atracón» y abandonar el estudio después. Es mejor ir poco a poco que estudiar mucho «de golpe».

Estudiar en lugares donde se pueda uno distraer fácilmente (con música, en bibliotecas públicas saturadas de gente, viendo la televisión, etc.).

Ensañarse con ideas negativas («me queda mucho», «no me va a dar tiempo», «la gente está mejor preparada que yo», etc. Hemos de saber que nuestros materiales son de primerísima calidad, ampliamente probados en tribunales y que depende de nuestro esfuerzo poder ganar la oposición.


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Claves para el estudio

Es muy conveniente que el lugar de estudio no varíe continuamente. Aunque tampoco está mal cambiar de vez en cuando ese lugar, para que no se convierta en una referencia psicológicamente negativa en cuanto al cansancio.

Es necesario no improvisar el estudio, sino que es imprescindible programar adecuadamente tanto las horas como el material que va a ser objeto de estudio.

Aunque el objetivo final consiste en aprobar la oposición, es necesario marcarse tareas a corto plazo. Por ejemplo, subrayar los temas, extraer valiosos resúmenes personalizados por cada cual, ejercitarse en los diferentes ejercicios prácticos que serán propuestos en la oposición, realizar mapas conceptuales de cada tema, hacer breves esquemas para memorizar, ejercitarse en la dicción para la exposición oral, controlar que sepamos verter en el tiempo del que disponemos todo lo esencial del tema, ya sean dos horas escribiendo o una hora hablando. Si estudiamos en solitario y sin preparador, convendría exponer los temas orales a alguna persona que, a ser posible, esté versada en el tema, con el fin de que nos oriente sobre posibles defectos en nuestras exposiciones (excesivo movimiento de las manos o los pies, hablar demasiado rápido o demasiado lento, no controlar el tiempo real del que disponemos, etc.).

Muchas veces nos preguntan a los preparadores de oposiciones cuánto tiempo hay que dedicar diariamente al estudio. La respuesta, como es obvio, nunca podrá ser unívoca, pues depende del bagaje intelectual previo del que se disponga (no es lo mismo, sirva como ejemplo, una persona que se ha doctorado y que posee una disciplina metódica comprobada que un chico que acaba de licenciarse o diplomarse), de la dificultad de la oposición concreta, del tiempo que podemos dedicar a la preparación (si trabajamos o estudiamos algo además de la oposición), de si dispone de todo el material necesario o tiene que perder su tiempo buscando información, etc.

Lo usual, dicho sólo a título indicativo, es que se comience estudiando unas 4-5 horas diarias, hasta crear el adecuado hábito de estudio, para aumentar progresivamente el tiempo, hasta llegar a unas 8-14 horas diarias de estudio, dependiendo de lo antedicho.

Con los temarios que Editorial MAD ofrece nos ahorramos la tarea que, sin duda, hace perder más tiempo: buscar los materiales, leer libros que complementen un temario incompleto, completar temarios de baja calidad, etc.


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